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La Rosa de Bulgaria

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marzo 12, 2018

Givenchy y Balenciaga; el reencuentro

Dios los creó, ellos se juntaron en vida y vuelven a hacerlo ahora en algún lugar del más allá. Tuve el privilegio de conocer al maestro Hubert de Givenchy durante la inauguración del Museo Balenciaga en Guetaria, del que Givenchy fue gran alentador y promotor.

Su carácter sencillo y elegante le impedía destacar en aquella inauguración a pesar de haber sido clave en la creación del Museo. No quería figurar ni que acaparar ningún elogio. Quizá fue por eso que de pronto lo vi sólo, y aproveché para presentarme. No todos los días se tiene la oportunidad de conocer a un genio de la moda del siglo XX. El gran siglo de la moda. Sus primeras palabras fueron de cortesía, yo le ofrecí algo de beber. Rechazó la propuesta, seguramente para mantener sus manos libres. Esas manos que le hicieron único a pesar de que él siempre admiró a su primero maestro y luego amigo, Cristóbal Balenciaga.

Recuerdo como si fuera ayer que yo tampoco quería acaparar su atención, pero nadie vino a distraerle durante mucho tiempo. Y le pregunté por Balenciaga. Yo sabía de su amistad, pero no que Don Cristóbal hubiera sido durante muchos años su ejemplo a seguir. Lo admiró casi desde que tuvo uso de razón, o al menos la razón de dedicarse a la costura. El destino los unió tiempo después, pero para Givenchy además de amigo siempre fue su maestro, su hermano mayor de la costura. Y la persona que le animó para abrir en los años cincuenta su propia “Maison”. Aquella mañana en que el Museo Balenciaga veía por fin la luz, el gran Givenchy estaba feliz pero también emocionado, tenía ganas de hablar y recordar.

Por lo que he leído y me han contado de Balenciaga, ambos debían de compartir muchas cualidades además de la pasión por la costura.  La perfección existía en sus talleres. Givenchy aprendió de él a tener la paciencia necesaria para no terminar hasta haber logrado la matrícula de honor. Y en los cimientos siempre la clave para que el resultado fuera perfecto. La sencillez. Una sencillez que no es tal, pues lograr que un tejido cobre vida y se convierta en la más elegante pieza del taller, no es nada fácil. Pero aquellas vestidos impecables comenzaron a ser demandadas por las más bellas e influyentes mujeres del panorama internacional de los años cincuenta. Y Givenchy también se convirtió en leyenda.

Desde el sábado 10 de marzo muchos lloramos su ausencia, pero su legado, en forma de iconos de elegancia, será siempre ejemplo para construir belleza.

Filed under: Carla escribe,Moda,Noticias — Etiquetas: , — Carla @ 19:15

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